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Ni son los de la mala suerte ni forman parte de una raza concreta. ¿Quieres saber cuántos de los mitos sobre los gatos negros no son ciertos? Te lo contamos.
Los gatos negros son, por tradición, los del mal agüero, los que debemos ahuyentar si queremos atraer la fortuna. Al menos, eso es lo que hemos escuchado siempre. Por eso, estos peludos son los últimos elegidos en las camadas de recién nacidos, los que más aguantan en los albergues y protectoras y los menos apreciados por los detractores de los mininos.
Pero antes de que se difundiesen todos estos mitos y supersticiones, los gatos negros llevaban una vida de semidioses. Fueron venerados por numerosas civilizaciones a lo largo de la historia y su compañía era todo un regalo. Desde los egipcios y los romanos hasta los japoneses del siglo XXI. Muchos han pasado de largo las supersticiones y han cuidado hasta límites insospechados a estos animales bellos, elegantes y cariñosos. Desmentimos algunos de los mitos más extendidos sobre los gatos negros y limpiamos el historial de estos inocentes peludos.
El origen de la superstición
La asociación entre gato negro y mala suerte procede de los años de la Inquisición, sobre todo, entre los siglos XVI y XVII. En Estados Unidos y en Europa, comenzó a desarrollarse la creencia (y el temor) en la magia, las brujas y sus encuentros en aquelarres. Todas aquellas personas que se comportaban de manera extraña a ojos de sus vecinos eran condenadas a la hoguera acusados de brujería. Según la misma creencia, los gatos negros eran la reencarnación del mismísimo diablo. Miles de personas y animales acabaron entre las brasas.
A partir de entonces, el mito y el miedo a los gatos negros fue dejando poso tras la Edad Moderna. Aún hoy, muchos cruzan de acera cuando se encuentran en su camino a uno de estos animales de pelaje oscuro o dan tres pasos hacia atrás para deshacer el mal fario. Pero el poder de la superstición no se queda ahí. Los hay que afirman que la presencia de un gato a los pies de la cama de un enfermo es premonitoria de su fallecimiento o que cruzarse con uno de estos ejemplares en una noche de luna llena es como encontrarse directamente con el mal karma.
Supersticiones con el gato negro
El mundo de la literatura, el cine y la televisión también ha alimentado el mito. O, al menos, ha contribuido a colgar el cartel de «diabólico» a algunos de los personajes más conocidos de la ciencia ficción. Salem, el gato de «Sabrina, cosas de brujas»; Pica, de la serie favorita de los niños de «Los Simpsons»; Silvestre, el fiel compañero/perseguidor de Piolín…
Otras muchas culturas en diferentes épocas históricas y cualquiera de nuestras vivencias con estos mininos oscuros como la noche tiran por la borda la veracidad del mito de la mala suerte. ¿Necesitas pruebas para unirte a nuestro club?
Estas son solo algunas de las más fehacientes:
En Egipto, los mininos gozaban de unos privilegios similares a los de los dioses y los faraones. Hasta la diosa Bastet está representada bajo la forma de gato doméstico. Eso es pasión.
En Gran Bretaña, los ciudadanos aseguraban que un gato negro a la entrada de un nuevo hogar garantizaba la prosperidad y la fortuna para la pareja de recién casados.
En Japón hay verdadera pasión por los gatos. Pero no es una moda actual, es una tendencia presente desde tiempos inmemoriales (¿recuerdas Aoshima?). Los gatos negros han servido a los japoneses durante generaciones como fuente de inspiración y como figuras de protección. Hoy, no importa el color, siguen ocupando un nivel importante en el seno de la mayor parte de las familias.
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